Alabado el todavía que me sirve una canción. Alabado cada día alabado cada día de labor e ilustración.

jueves, 20 de noviembre de 2008

soberania





En 1845 la Confederación Argentina sufrió la alevosa agresión militar de las dos mayores potencias coaligadas de la época, dispuestas a lograr por la fuerza lo que no habían conseguido por la amenaza. Ante el bloqueo y las depredaciones cometidas por la escuadra combinada de Francia e Inglaterra en las costas del Plata, el mismo representante diplomático de los Estados Unidos acreditado ante la Confederación en ese momento –Mr Brent- escribió: “Hay pocos hechos heroicos sobre los que la imaginación se acalora con más satisfacción que aquellos de un pueblo que, resuelto a ser libre, nada deja al enemigo invasor sino el punto que momentáneamente pisa y el lugar en que se encierra”.

El glorioso general San Martín acompañó desde su retiro al general Juan Manuel de Rosas en su actitud enérgica y digna, poniendo su espada y su persona al servicio de la nación y felicitando al gobernador de Buenos Aires como defensor de la independencia americana. El autor del himno nacional desenfundaba también su vieja lira para arrancarle los mismos sones de treinta años atrás, y con entusiasmo juvenil cantaba:

Morir antes, heroicos argentinos,
que de la libertad caiga este templo.
¡Daremos a la América alto ejemplo
que enseñe a defender la libertad!




Hacia noviembre el gobierno patriota había montado en la Vuelta de Obligado -en las proximidades de San Pedro sobre el río Paraná- cuatro baterías con dieciocho cañones en total, servidas por ciento sesenta artilleros y sesenta de reserva, acompañados por mil milicianos, todo ello a las órdenes del general don Lucio Mansilla. Se había cerrado el río con tres cadenas, cuyo extremo opuesto se hallaba amarrado a un bergantín. Las cadenas se corrían por sobre una veintena de barcos desmantelados y fondeados, con lo cual se quería mostrar que el paso no era libre y había que batirse para forzarlo.

El 20 de noviembre de 1845 se realizó el ataque. Las fuerzas enemigas estaban constituidas por once buques de guerra con cien cañones de gran calibre y mayor capacidad de fuego que los anticuados cañoncitos argentinos. Se combatió encarnizadamente durante siete horas, con gran despliegue de coraje por ambas partes. Los nuestros lucharon hasta que se les acabaron las municiones y recién entonces fueron desmantelados los baluartes y desmontadas las baterías por el intenso fuego enemigo. El mismo general Mansilla recibió en el estómago una herida de metralla al encabezar una de las cargas.


En la acción de la Vuelta de Obligado, que dejó a seiscientos cincuenta argentinos fuera de combate, el enemigo obtuvo un triunfo relativo de escasa importancia estratégica y militar.

Pero su importancia política fue en cambio grande para la causa nacional, porque vigorizó el espíritu de resistencia y despertó a la realidad a muchos que, por ofuscación ideológica, se inclinaban a simpatizar (como hoy mismo también podemos ver) con las potencias “civilizadoras”. Tal fue el caso del coronel unitario Martiniano Chilavert, quien se consideró “desligado del partido al que servía”, porque veía que invocaba “doctrinas a las que deben sacrificarse el honor y el porvenir del país” y que establecían como principio “la disolución de la nacionalidad”.

Ya abrazaremos nosotros también a miles de renegados y arrepentidos cuando vuelva a sonar nuevamente en la patria el grito de la soberanía nacional.



Vuelta de Obligado
(Alfredo Zitarrosa)

Noventa buques mercantes,
veinte de guerra,

vienen topando arriba
las aguas nuestras.

Veinte de guerra vienen
con sus banderas.

La pucha con los ingleses,
quién los pudiera.

Qué los parió los gringos
una gran siete;
navegar tantos mares,
venirse al cuete,
qué digo venirse al cuete.

A ver, che Pascual Echagüe,
gobernadores,

que no pasen los franceses
Paraná al norte.

Angostura del Quebracho,
de aquí no pasan.

Pascual Echagüe los mide,
Mansilla los mata.
(Alfredo Zitarrosa)
Corrigiendo al bruto maestro
Anónimo dijo...
Maistro, la letra es de Brascó.Eduardo


Aparecidos los buques, el General Mansilla arenga a las tropas:

“¡Miradlos! ¡Allí los tenéis! Considerad el insulto que hacen a nuestra Patria al navegar, sin más título que la fuerza, las aguas de un río que corre por el territorio de nuestro país. ¡Pero no lo conseguirán impunemente! ¡Tremole en el Paraná el pabellón azul y blanco y debemos morir todos antes que verlo bajar de donde flamea!”

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